La batalla de Lepanto, Cervantes ... y los ninis




Tal día como hoy de 1571 tenía lugar una de las batallas navales más importantes de la historia, la batalla de Lepanto en el golfo de Lepanto (Patrás), situado en el Peloponeso. La escuadra occidental destruía a la "imbatible" flota turca y paraba los pies al imperio Otomano que acababa arrasar Nicosia en la isla de Chipre y tenía intención de ocuparla para comenzar su proyecto de hacerse con occidente y llegar hasta Gibraltar.

Frente al golfo de Lepanto se reunieron aquella mañana más del 75 % de las galeras y navíos de guerra  disponibles en el planeta: 580 embarcaciones y más de 100.000 hombres, unos números inmensos para la época y que iban a enfrentarse para decidir el destino del mundo, pues estaban frente a  frente el viejo occidente y el emergente imperio Otomano. Por ello se considera a esta batalla como una de las más trascendentes de la historia y tal vez la más sangrienta.

Juan de Austria y Miguel de Cervantes estuvieron allí y ocuparon puestos destacados, el primero capitaneando toda la flota de occidente y el segundo como soldado al mando de uno de los grupos de arcabuceros y cronista de lujo que lo que sucedió … y ambos contando 24 años de edad.

Además, cuentan las crónicas que Cervantes entró en combate voluntariamente, al mando de sus arcabuceros, pues estaba liberado, en cama, por un ataque de fiebre, lo que demuestra el arrojo y capacidad de sacrificio que tenía. Como es sabido, allí fue herido y perdió la movilidad en un brazo (de ahí que se le conociese como el manco de Lepanto). Después pasó cinco años de cautiverio en un penal morisco de Argel, donde El Quijote tomó forma en su mente.

Esta situación contrasta dramáticamente con la que viven los jóvenes Españoles según se refleja en el último (y en todos) informe de la OCDE, en el que se asegura que el 30% los que tienen entre 18 y 25 años ni estudia, ni trabaja, ni se forma y que en algunas regiones como Andalucía, el porcentaje supera el 50%, más o menos el doble de la media europea. De hecho el porcentaje español es el peor de toda Europa y sólo nos supera en este penoso ranking uno de los 34 países de la OCDE (Turquía) aunque hasta ese país tiene un porcentaje menor que Andalucía.

A esto hay que añadir que el 36% de los que tienen entre 25 y 34 han abandonado sus estudios obligatorios sin titulación alguna, es decir, no están en condiciones de ocupar puesto de trabajo alguno que requiera un mínimo de conocimientos o especialización.

Este indicador es tremendo para una sociedad pues aboca a su franja que más debiera estar aprendiendo contenidos productivos, a no poder socializarse adecuadamente y aportar. De ello tiene una enorme culpa el gobierno de turno, más preocupado de sus asuntos que de los de interés general, pero sería un gran error descargar de responsabilidad a la sociedad en su conjunto. 

Al tejido empresarial que no otorga valor a un trabajador que se forma en parte en la propia empresa para después poder adaptarse mejor a las necesidades de ésta, a las familias que no espolean a los jóvenes para que se independicen y para que se busquen la vida con trabajos iniciales peores de lo que les gustaría y, sobre todo, a los propios jóvenes que no aspiran a eso, a independizarse y buscarse la vida, pues a pesar de las dificultades con las que se encuentran son la generación que más facilidades ha tenido en toda nuestra historia.

Un joven ambicioso debe volar fuera de la seguridad del hogar paterno a los veinte años y buscarse la vida y si para ello se debe desplazar a otra ciudad, país o continente, debería hacerlo, a la postre saldrá ganando y prosperará infinitamente más que llegando a los cuarenta dependiendo de sus padres.

Entre un Juan de Austria de 24 años capitaneando una de las escuadras más poderosas que  han visto los mares y nuestros ninis, hay que buscar un término medio que les ofrezca una oportunidad, pero con la mediación de su esfuerzo y su sacrificio personal y no cayendo en el abandono de sí mismos por conservar indefinidamente la comodidad que les proporciona el hogar paterno.

Saludos.
La energía más limpia es la que no se consume.

1 comentario:

Francisco Gálvez dijo...

Una comparación muy ilustrativa, muy acertada y muy triste. No entiendo cómo se puede estar con 30 años en casa mirando a las musarañas, esperándolas venir. Es un problema social.