Un sistema educativo solvente es fundamental para construir una sociedad

Periódicamente asistimos a que los medios de comunicación se hacen eco, brevemente, de informes internacionales que comparan los resultados de los sistemas educativos y así se publican titulares sobre las pruebas PISA y se nos repiten las bondades del sistema finlandés o qué hábiles son los coreanos en matemáticas según la OCDE.
Lo cierto es que cuando se comparan nuestros resultados con los de los países que deben ser referencia, salimos mal parados; pero no sólo las calificaciones, sino la conflictividad, el abandono temprano, el absentismo escolar, el porcentaje de titulados, etc. lo cual es un reflejo de que nuestros colegios de infantil y primaria y nuestros institutos –auténtica piedra angular del sistema en el que, además, orbitan otro tipo de centros de iniciativa privada- no funcionan bien, conclusión extensible a nuestra hipervoluminosa oferta de universidades, ninguna de las cuales ocupa lugares destacados en los ranking internacionales.

Bien es cierto que el sistema educativo, siendo el más importante subsistema de una sociedad, es el único que viene siendo evaluado y que si lo fuese cualquier otro, igualmente España ocuparía lugares manifiestamente mejorables aunque no entraremos en detalles porque exceden este artículo.

Para entender qué hacemos mal, es útil saber que características posee un sistema educativo que funcione bien y analizar qué se hace bien en otros países. A nivel más local, en lo que afecta a las prácticas docentes y de gestión educativa de la escuela, esta mirada debe dirigirse también a los buenos docentes y directivos españoles y aprender de ellos.

La educación hasta la enseñanza secundaria se asienta en cuatro pilares:

-El centro educativo.
-La familia.
-El entorno.
-Las influencias a través de los medios, las TIC, etc.

Déficits en cualquier pilar se potencian con los de los restantes, es decir, se multiplican.

El principal problema en España hasta el bachillerato es la conflictividad en las aulas y la falta de trabajo de los alumnos, sobre todo en secundaria obligatoria, lo cual responde a un déficit en la atención que prestan las familias a los alumnos. Sin que las familias les inculquen sólidos valores de respeto, esfuerzo, trabajo y responsabilidad, los resultados no pueden mejorar.

El segundo gran problema es la falta de profesionalidad de los profesores, no inferior a la de cualquier otro sector productivo en España, pero no a la altura de lo que la complejidad de los procesos de enseñanza aprendizaje exigen. El sistema de acceso a la carrera docente no ha contado con filtros que garantizasen que sólo los mejores se incorporasen a tan compleja tarea -de hecho en el caso de los maestros frecuentemente se han incorporado los que poseían expedientes más flojos- el reconocimiento en nuestro país de esta carrera tampoco es la adecuada y la formación didáctica y continua a lo largo de la vida, brillan por su ausencia.

El entorno tampoco acompaña a muchos alumnos y no me refiero a los más desfavorecidos, sino a los que reciben influencias negativas de los amigos y la calle.

La influencia que reciben todos, sin excepción, a través de los medios de comunicación y las TIC es dramáticamente negativa. Contravalores, reconocimiento a figuras pseudofamosas y a deportistas de modo desmedido, series de TV de contenido más que superficial, etc. en definitiva son receptores de una contracultura muy difícil de combatir en la escuela.

Organizándolo todo se debe contar con buenos equipos directivos, buenos gestores políticos y un marco legislativo racional, eficiente y estable … nada de ello se da en España:

Los directivos se extraen de entre los profesores, con escasos filtros y no demasiada formación posterior ni anterior, en un sistema marcadamente horizontal, con lo cual queda todo dicho. De los gestores políticos mejor no hablar, pues son el mayor problema del sistema: 17 consejeros de educación, por regla general profundamente incompetentes, de escasa formación y rara vez expertos en educación y respecto al marco normativo, leyes orgánicas efímeras, politizadas y 17 reinos de taifas malgestionando el sistema sin ninguna estabilidad.

Si de verdad se quisiese afrontar un cambio profundo cuyo objetivo fuese la mejora del sistema, éste necesariamente pasaría por lo siguiente:

-Selección adecuada de los profesores, con filtros de la máxima exigencia e incentivos para que sólo los mejores se incorporen al sistema.

-Idem para los Directores, que deben ser dotados de la suficiente autonomía como para liderar sus equipos docentes y exigir el máximo rendimiento a los profesores, reconociéndoles los logros (a todos, profesores y directivos) y exigiéndoles responsabilidades e incluso el cese (a todos) en caso de ineficacia.

-No dejar en manos de políticos la toma de decisiones y la gestión. La educación, por su importancia, debe estar en manos, exclusivamente, de expertos, a los que se debe exigir que rindan cuentas y que les mueva, exclusivamente, el interés general.

-Exigencia a las familias de que asuman sus responsabilidades a la hora de inculcar valores a los alumnos.

-Premiar a los mejores alumnos, a los más abnegados, así como a los mejores profesores y a las familias más responsables. Con incentivos económicos, material, distinciones, etc.

-No permitir en los centros ningún tipo de indisciplina, exigiendo responsabilidades a las familias por ello.

-Diseñar un marco normativo estable y duradero, en continua revisión pero alejado de los vaivenes políticos.

-Dotar al sistema de recursos económicos suficientes, muy superiores a los actuales que se encuentran por debajo del 5% del PIB y a más de tres puntos de los países más responsables.

-Diseñar itinerarios educativos acordes con los intereses, expectativas y capacidades de los alumnos desde su entrada en la enseñanza secundaria, lo cual evitaría que los alumnos más responsables reciban influencias negativas de los más disruptivos y con ello retraso en su proceso de formación.

La educación debe empezar a tomarse en serio, dejarla en manos, exclusivamente de profesionales y familias responsables y dotarla de recursos acordes a su importancia.

Un país desarrollado pasa por un sistema educativo ejemplar, despolitizado y altamente profesionalizado.



Saludos.
La energía más limpia es la que no se consume.

El combustible de las sondas espaciales, los generadores de radioisótopos GTR

Uno de los logros más importantes y espectaculares de la humanidad, si no el que más, es la exploración extraterrestre mediante el uso de sondas espaciales, es decir, el diseño, construcción y puesta en servicio de vehículos espaciales que han sido capaces de recorrer miles de millones de km para llegar a todos los planetas de nuestro Sistema SolarEstas sondas deben ser capaces de vencer el campo gravitatorio terrestre, un auténtico pozo que nos apresa y que hace muy complejo el mero hecho de conseguir que algo pueda abandonarlo. A continuación, sin motores ni propulsión propia (de momento) deben navegar por un espacio inmenso en busca de un objetivo diminuto, perdido en la inmensidad del cosmos y por último, al llegar a su objetivo, deben hacer mediciones científicas, tomar imágenes y enviar todo a la Tierra mediante sus antenas directivas.

Ha sido preciso lograr un desarrollo tecnológico elevadísimo para comenzar esta carrera espacial, cuyo pistoletazo de salida se producía un 4 de octubre de 1957 cuando la URSS ponía en órbita el primer ingenio humano, el SputniK I, una pequeña esfera hueca de 84 kg dotada de un transmisor de radio que lograba entrar en una órbita elíptica de entre 200 km y 900 km de altura y que estuvo en el espacio durante tres meses.

Sólo dos años después, la sonda soviética Lunik I, se convertía en el primer objeto que lograba abandonar la Tierra, pasando a unos 6.000 km de la Luna y dando comienzo a la exploración extraterrestre que continuaría su “hermana” Lunik II que el mismo año 1959 lograba llegar a la Luna, impactando contra su superficie. Entre tanto se asistía a otro hito, pues el 26 de julio de 1963, los EEUU ponían en órbita geoestacionaria, a 36.000 km, el Syncom-2.

Al año siguiente, en 1960, la Unión Soviética daba comienzo a la exploración planetaria y en 1961 la Venera I lograba pasar por las inmediaciones de Venus, mientras que la Mariner X norteamericana se convertía en 1974 en la primera en llegar a Mercurio. Después vendría la exploración de los planetas exteriores con las sondas americanas Pioner X (el ingenio humano más alejado de la Tierra) y Voyager I y II que nos enviaron datos e imágenes de Jupiter, Saturno, Urano y Neptuno … y recientemente, la sonda New Horizons que, tras nueve años de viaje, ha cruzado el Sistema Solar, y llegado al peculiar y diminuto Plutón, enviándonos espectaculares imágenes y valiosa información sobre su superficie.

En esta carrera hacia las estrellas, las baterías de las sondas han jugado un papel central, pues son las encargadas de suministrar la energía eléctrica que necesitan las naves para que sus sistemas de navegación, medición, comunicaciones, toma de imágenes, etc. estén operativos durante años y sin mantenimiento. 

Cuando el objetivo es un planeta interior, cercano al Sol, el sistema elegido suele ser la energía solar fotovoltaica, dotando a la sonda de paneles suficientes, de hecho en el desarrollo de esta tecnología ha jugado un papel central la carrera espacial.

Sin embargo, cuando el vehículo espacial se dirige a los confines del sistema solar, donde la intensidad de la luz del Sol llega debilitada por la distancia, se recurre a Generadores Termoeléctricos de Radioisótopos (GTR) unas vasijas que contienen una pequeña cantidad de un radiosiótopo generador (sobre todo) de emisiones alfa y, por tanto, fácilmente blindable, y con unas vidas medias bajas, en el entorno de los 80 – 100 años, de muy elevada actividad radiactiva.

Estas propiedades las tenemos en el óxido (IV) de plutonio-238, que genera la cantidad de calor suficiente como para que exista una gran diferencia térmica entre el interior del generador y el exterior que se encuentra a la temperatura del espacio exterior (unos 270ºC bajo cero).

Para aprovechar tal gradiente térmico se utilizan termopares, esto es, circuitos formados por dos conductores diferentes que, merced al efecto Seebeck, generan una diferencia de potencial si sus extremos se encuentran a diferente temperatura, los cuales en el caso de la sonda New Horizons nos proporciona unos 200 W de potencia continuada durante casi un siglo, a partir de unos 500 g de material radiactivo.

Una tecnología por tanto interesantísima que nos suministra electricidad durante décadas sin necesidad de mantenimiento. En otro artículo profundizaremos en sus características técnicas, sus costes, sus limitaciones, sus peligros y su potencia.
  
Saludos.
La energía más limpia es la que no se consume.

Sociedades eficientes


Resultado de imagen de eficiencia La eficiencia en ciencia es un concepto bien definido (como casi todo) y relaciona el producto con el consumo. Así, la máquina más eficiente es la que produce la mayor cantidad de trabajo a partir de una cantidad dada de energía consumida.



Este concepto se aplica hoy al estudio de las organizaciones y, por extensión, de las sociedades, de modo que una organización muy eficiente e incluso una sociedad muy eficiente, es la que consigue los máximos resultados a partir de unos recursos dados.

Aún aceptando que al estudiar las organizaciones el concepto de eficiencia es más resbaladizo porque se apoya en otros que intrínsecamente lo son, como el de resultados o recursos, es bastante manejable y así, se dice que una fábrica de coches es más eficiente si produce cada coche a menor coste, por ejemplo. Esta sería una dimensión económica de la eficiencia que al no tener en cuenta otras dimensiones como la medioambiental o la social-laboral, podría darse la paradoja (se da de hecho) de que no fuese la mejor opción social.

Por ello, la eficiencia global debe ser uno de los principales objetivos de una sociedad, pero (mal que les pese a algunos) no a cualquier precio, sino respetando unas premisas medioambientales, de condiciones laborales, etc.

En ese sentido y en términos globales, una sociedad que consigue proveer a sus ciudadanos de servicios sanitarios de calidad a menor coste, es más eficiente, como lo es otra que posee mejores carreteras y cuestan menos al construir y mantener y así, con todos los sectores.

Una controversia que consume ríos de tinta es el alcance del estado del bienestar, pero paradógicamente se desliga de la eficiencia de las sociedades, de modo que, absurda y erróneamente, se plantea sólo en términos de qué servicios debe incluir, no de cuánto deben costarnos y, sobre todo, cómo debe gestionarse el sistema para conseguirlos con nuestros recursos sin recurrir al endeudamiento ilimitado de las naciones.

En esa línea, sólo las sociedades que avancen hacia la eficiencia podrán proveer de servicios de calidad a sus gentes, para lo cual deben contar con:

-Excelentes administradores que sustituyan a los hoy, por lo general, escasamente preparados políticos.
-Administración bien diseñada, sin duplicidades ni tricplicidades, con objetivos claros y transparentes y procedimientos muy ágiles. Nada que ver con el estado autonómico español, por ejemplo, que es paradigma de ineficiencia organizativa.

Y, lo más importante:

-Trabajadores excelentemente formados con el nivel de preparación que exija su puesto y con el objetivo personal de hacerlo lo mejor posible.
-Empresas y unidades administrativas modernas, organizadas de modo que los resultados sean los máximos a partir de los recursos.

 
Saludos.
La energía más limpia es la que no se consume.

El autoconsumo solar, la piedra filosofal de la democratización energética



La primera vez que oí hablar de energía solar tenía 10 años y estudiaba 5º de EGB. Un excelente maestro (Don Luis Calle) teorizaba entusiasmado sobre cómo en el futuro todo funcionaría mediante la energía del Sol. Muchos años después he podido entender los entresijos de esta tecnología, sus dificultades y su potencial.

En este camino me ha sorprendido, sobre todo, el lento avance del autoconsumo solar, pues la tecnología involucrada avanza a un ritmo imparable y los precios de acceso a ello, como veremos, se reducen día a día.

El autoconsumo solar más eficiente y ventajoso es aquel que complementa la generación en casa de electricidad fotovoltaica y calor, con fuentes tradicionales y que por ello necesita que la vivienda no se aísle de las redes de suministro. En su versión más simple, pero también más eficiente y rentable, debe contar con dos instalaciones independientes:

1.-Generación de electricidad.- Paneles fotovoltaicos, inversor y contador bidireccional de enganche a red. El usuario genera electricidad y la consume, vendiendo los excedentes a la compañía eléctrica y comprando como cualquier otro cliente cuando lo necesita. Bien gestionado en la panacea de la eficiencia, pues no hay pérdidas, una de las sombras negras del sistema eléctrico medioambiental y económicamente hablando.

2.-Generación de calor.- Modulos solares de efecto invernadero para generación de agua caliente sanitaria e incluso calefacción con apoyo de una caldera de gas, gasóleo, etc.

En mi opinión, la generación solar no necesita subvenciones, sino simplemente apoyo que se traduzca en facilidades para la puesta en marcha de las instalaciones o, al menos, que no se entorpezca y dificulte desde la Administración. Por otra parte es razonable que quien consume electricidad de la red eléctrica, pague no sólo los kWh sino también la infraestructura, pero los costes imputados al “ciudadano solar” por este concepto nunca debieran ser tan desorbitados como para echar al traste con su proyecto de autoconsumo: esa es la principal ayuda que deberíamos esperar de los gobiernos … algo tan simple, elemental y de tanto sentido común.

Desde hace cuatro décadas los paneles fotovoltaicos no dejan de bajar de precio, les sucede algo parecido que a los chips informáticos, y no es probable que tal abaratamiento cese en los próximos años. Es tan acusado es descenso mundial de precios que se aplica una ley (la ley Swanson) que asegura que cada vez que se duplica la producción de paneles, cae su precio un 20%. Ello explica que el precio en 1977 de un panel de 100 Wp era de unos 8.000 $ y que en la actualidad uno de igual potencia cueste menos de 700$ … ¡más de un 90% de descenso en los precios!

Si a esto le sumamos que el precio de la electricidad no deja de subir debido, sobre todo, al poder de las eléctricas y a la falta de voluntad de que sea de otra forma, de los sucesivos gobiernos de España, estaríamos en el momento en el que el sueño podría hacerse realidad y todos los ciudadanos podrían empezar a beneficiarse del autoconsumo, de la democratización de la energía, con los beneficios medioambientales y económicos que ello supondría.

Sin embargo he de volver de señalar que el “ciudadano solar”, el que promueve su autoconsumo, debe cambiar el chip, debe estar concienciado medioambientalmente. El que pretende  instalar unos paneles para seguir despilfarrando electricidad, es mejor que no siga este camino, pues no ha entendido nada. Este camino es el adecuado para una población concienciada respecto a los problemas energéticos en términos generales.

Sólo es necesario que se dejen de poner zancadillas … ni subvenciones, ni regalos, sólo velar por los intereses generales en vez de por la oligarquía eléctrica.

Saludos. 
La energía más limpia es la que no se consume.

Parques perjudiciales para el medioambiente

Esta afirmación puede sorprendernos, pues solemos dar por hecho que un parque, un jardín o cualquier otro espacio dotado de vegetación es  intrínsecamente beneficioso para el medioambiente, pero sin embargo, esto no siempre es así:

Un parque será beneficioso para su entorno si ha sido diseñado y es gestionado y conservado con criterios de sostenibilidad medioambiental … en caso contrario, no.

El concepto

Entender las razones es sencillo. Hoy se acepta universalmente que los espacios verdes en las ciudades reportan beneficios objetivos, pues limpian el aire y lo oxigenan, absorben CO2, albergan fauna, favorecen la sociabilidad de las personas, ayudan a que éstas disminuyan su estrés, realicen ejercicio, etc. Sin embargo, a cambio, podrían aportar cantidades importantes de pesticidas, consumir agua y energía en abundancia o generar residuos diversos, entre otros, simplemente en el ámbito de su conservación.

Por ello, hemos de tender a que desde el diseño mismo del espacio, mediante la elección de especies autóctonas, por ejemplo, generemos entornos en los que el mantenimiento no sea exigente, cuya demanda de agua y energía sea contenida, además de que las cantidades de residuos generados (poda, herbicidas, etc.) sea la mínima posible en el caso de los nocivos y autogestionable en el caso de la poda (transformación en abono, biomasa, etc.), sin olvidar que la generación de CO2 debida al mantenimiento se reduzca al máximo, pues de lo contrario podría suceder (como realmente sucede en muchos casos) que el parque o jardín genere más CO2 de lo que absorben sus plantas, lo cual puede ser incomprensible en la mayoría de los casos.

El índice sostenibilidad del parque

En un intento por cuantificar lo adecuado que es el parque desde el punto de vista medioambiental, en relación con la energía que consume, el agua, los residuos que genera, etc. Se define un índice a partir de la medición de determinados indicadores que vienen a reflejar las características del parque en los ámbitos anteriores. Ello nos permite diseñar los modelos de gestión y conservación más eficientes, seleccionar las mejores prácticas y comparar parques diferentes entre sí.

Las emisiones de CO2 y la energía

Si nos centramos en cuanta energía consume un parque o en cómo contribuye al aumento del efecto invernadero anómalo y, por tanto, al temible cambio climático debido a las emisiones de CO2, es preciso que, al menos, consideremos los siguientes apartados:

-Energía eléctrica que consumen sus elementos (luminarias, fuentes, etc.)

-Gasolina y gasoil que se consume en los trabajos de mantenimiento (desbrozado, poda, recortes, fumigados, transportes varios, etc).

Y ello porque para generar la electricidad consumida en el parque, se emiten grandes cantidades de CO2, lo mismo que sucede al “quemar” la gasolina o el gasoil en los motores de las máquinas utilizadas e incluso al obtener dicho combustible (extracción del petróleo, destilación y transporte).

¿De qué cantidades estamos hablando?

En la generación eléctrica, 1 kWh consumido, corresponde en promedio, a una emisión de CO2 de unos 90 g (lógicamente esta cantidad es aproximada ya que varía muchísimo dependiendo de la tecnología de generación)

Por otra parte, 1 L de gasolina quemado en una desbrozadora o similar, supone unas emisiones directas aproximadas de 2,5 kg de CO2 a los que habría que sumar más de 5 kg de CO2 generados al producir ese litro de gasolina. En el caso del gasoil las cantidades son parecidas, pues se generan unos 2,65 kg de CO2 por litro consumido.

Hablamos, por tanto, de unas cantidades enormes, que se disparan si las labores de mantenimiento con maquinaria son elevadas y que pueden dar  lugar  a que un parque o zona verde en vez de ser un sumidero de CO2 sea un emisor neto  y, por tanto, perjudique a nuestro entorno.

 La solución, como hemos mencionado al principio, diseñar el espacio y su mantenimiento con criterios de sostenibilidad medioambiental, lo cual da lugar a magníficos parques perfectamente integrados en su entorno y aportando beneficios netos en todos los ámbitos.
 
       El objetivo de las emisiones cero

Ese debe ser el objetivo que nos mueva al gestionar un espacio verde y nos aproximamos a él si la maquinaria que se utiliza en su conservación es eléctrica y sus baterías se recargan en el propio parque mediante pérgolas provistas de paneles fotovoltaicos que suministran in situ toda la energía eléctrica necesaria y el mismo criterio se ha de aplicar también a las luminarias y a todo elemento eléctrico del espacio, pues debiera estar alimentado por paneles solares instalados en el propio parque … ya que no hemos de olvidar que la energía solar representa una tecnología madura, asequible, limpia y estéticamente integrable en cualquier entorno.

Saludos.
La energía más limpia es la que no se consume.

No destruimos la Tierra, sino a nosotros mismos

En los últimos tiempos hemos seguido asistiendo a una reducción de precios de los módulos fotovoltaicos y, en España, a un acusado encarecimiento del precio de la electricidad.

Estas dos tendencias, combinadas, sólo tienen un camino, que además, es de enorme interés para la generación de conciencia medioambiental, para la descentralización y la democratización de la generación energética, sin olvidar el empujón a un sector económico –el de las renovables- que pasa un momento muy delicado en nuestro país. 

No nos referimos a otro fenómeno que al del autoconsumo solar.

Sin embargo, el gobierno, lejos de apoyar este fenómeno que beneficia a la mayoría, prefiere ocuparse de los intereses de una inmensa minoría, representados en la grandes compañías eléctricas -que como sabemos son a la postre la jubilación dorada de muchos de nuestros políticos- y ha comenzado a diseñar una batería de medidas que desincentiven a los ciudadanos para convertirse en productores de su propia electricidad.

Se trata de otra manifestación de esa visión cortoplacista de la que adolece el ser humano, incapaz aún de entender que no puede haber más desarrollo aceptable que el que sea mínimamente impactante en la naturaleza.

La biosfera de nuestro planeta es un sistema complejo fruto de la interacción de una pléyade de ecosistemas, cada uno de los cuales de naturaleza también compleja y sustentado en delicados equilibrios que de ser alterados pueden dar al traste con unas condiciones de vida aptas para los seres humanos.

La atmósfera, esa fina “piel” que nos protege del exterior y nos provee de oxígeno vital y nuestros ríos y mares, son los principales perjudicados por la actitud errática que nos está llevando a aumentar las emisiones contaminantes y a alterar la superficie del planeta.

Muchos nos dicen, en un intento de concienciar a la opinión pública, que nos estamos cargando el planeta, pero se equivocan, pues la Tierra modificará sus ritmos vitales, su atmósfera, la composición del agua de sus mares y ríos, el pH de su manto … y al final, lo que desaparecerá, serán, las condiciones que el ser humano necesita para vivir.

No nos estamos cargando el planeta, sino las condiciones para que el ser humano pueda seguir viviendo en él.

Saludos.
La energía más limpia es la que no se consume.

El automóvil del futuro: híbrido, ligero e inteligente



Si preguntásemos por la calle, entre personas con unos conocimientos básicos de ciencia, sobre cómo será el coche del futuro, seguramente coincidirán en que su propulsión será eléctrica. Es lo que se ha dado en llamar de una forma un tanto genérica “el coche eléctrico”.

No estoy en desacuerdo con la idea, aunque creo que hay que matizarla muchísimo. Vamos a ello, al menos en una primera aproximación.

Hemos de partir de la base de que los ciudadanos ven la propulsión eléctrica como una propulsión limpia, en el sentido de que es poco o nada contaminante y de que, en particular, no emite gases y por tanto no contribuye al efecto invernadero ni al calentamiento global del planeta. Esta idea preconcebida que se encargan de repetir los fabricantes es esencialmente falsa.

Un coche eléctrico es tan limpio o tan sucio como la tecnología que se utilice para generar la electricidad que consume y para fabricarlo y reciclarlo.

Un coche eléctrico circulando por Pekín (o Gijón) y consumiendo electricidad generada en una planta de carbón, estará siendo responsable de las emisiones de esa planta contaminante. Otra cosa es que el coche de Gijón haya obtenido su electricidad de una central fotovoltaica, pongamos por caso.

No obstante, en este artículo no quiero centrarme en la propulsión eléctrica, aunque tal vez a largo plazo sea la dominante, sino en soluciones a más corto plazo y las más adecuadas son las mixtas, es decir, coches que circulen mediante motores de gasolina de alta eficiencia, bajo consumo y reducidas emisiones y combinen esta tecnología con motores eléctricos que recarguen sus baterías de la red o, en algunos tramos de la vía, mediante la propia inercia del coche.

Estos vehículos híbridos deben ser muy ligeros y estar diseñados en muchos casos para uno o dos ocupantes (la mayoría de los desplazamientos en trayectos cortos y medios son así) y por tanto muy ligeros, por su reducido tamaño y porque deberán construirse a partir de materiales extraordinariamente livianos (plásticos, fibras de vidrio y carbono, polímeros, etc.).

Debe estar dotados de microprocesadores y sensores que le permitan ajustar automáticamente la conducción en cada momento para minimizar el consumo y estar intercomunicado con una red que englobe a todos los vehículos para intercambiar información en tiempo real sobre las condiciones del tráfico, de forma que se ajuste el itinerario automáticamente.

Un vehículo de este tipo debería consumir, al circular mediante gasolina, cantidades en el entorno del litro a los cien Km y no debería ser ciencia ficción, sino una realidad accesible en diez o veinte años.

La tecnología la tenemos, no hay que descubrir nada nuevo; pero es preciso ajustar y pulir todos los ingredientes, con iniciativa privada de las grandes marcas y apoyo público.

Apoyo público inteligente, destinado a la investigación básica y, sobre todo, a la I+D bien gestionada y no subvenciones u otras fórmulas para coches íntegramente eléctricos que más bien dañan a los objetivos que estoy comentando.


Saludos.
La energía más limpia es la que no se consume.